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La
vida cotidiana está llena de ejemplos:
políticos corruptos que corrompen el país,
padres egoístas que no nos dejaron ser,
hijos desconsiderados que no reconocen todo lo
que hicimos por ellos, empleados holgazanes e
ineptos que hacen sus tareas mal, esposos absorbidos
por la oficina que sobrecargan con las tareas
de la casa a sus mujeres, esposas que sólo
se quejan y hacen infelices a sus esposos... ¿Cuántos
culpables de...hay en su vida? Y usted, ¿hizo
algo al respecto además de quejarse y señalar
con el dedo? Es tan frecuente la actitud de disculparse
por lo que a uno le pasa culpando a otros, que
fácilmente se vuelve un hábito imperceptible.
Cuando el si sólo esto cambiara,
no tendría este problema se convierte
en el mantra cotidiano y quedamos estancados en
la queja que impide el crecimiento personal. ¿Y
si usted cambiara? Seguramente accionando la capacidad
de asumir responsabilidades se produzcan cambios
que mejorarían su calidad de vida. Todo
un tema el de la culpa... suspiran los especialistas
en salud mental. Hay al menos dos ejes
en el sentimiento de culpa. Por un lado, está
la culpa frente a una falta real, un hecho puntual
que se comete e implica transgredir una ley. Es
saludable que el individuo sienta culpa por la
infracción que cometió. Esa infracción
culturalmente merece un castigo o sanción.
Por otro lado, la culpa es esa sensación
de indignidad personal que se siente aunque la
persona no sea acusada de nada o no haya cometido
una infracción propiamente. Esto puede
ser conciente o inconsciente. Pero es una conducta
aprendida, no nacemos con ella. En tanto, el culpar
a los demás es una conducta totalmente
manipulatoria (conciente o inconsciente) que obviamente
persigue un objetivo (tener control sobre el otro,
poder, etc.), donde también aparece el
no hacerse cargo, explica Liliana Silberman,
licenciada en Psicología.
La psicoanalista Susana Rizzo señala que
el sentimiento de culpa también
es la característica de una patología
llamada neurosis obsesiva. Estas personas suelen
culparse hasta de las cosas más nimias,
obligándose a ofrecer compensaciones a
los demás, incluso, al extremo de la humillación.
No es extraño que luego se muestren muy
agresivas, pues caen en la fantasía de
adjudicar a los demás los duros reproches
que en verdad sólo existen en su propia
conciencia. Además también, están
aquellos que jamás sienten culpa, son personas
que sufren de otra patología. Se caracterizan
por carecer de conciencia moral y realizan cualquier
acto fuera de toda regla o ley.
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