LA TAPA DEL MES
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CONDUCTAS
¿Hasta cuándo piensa echarle la culpa a los demás?
 

¡La culpa es toda tuya!

 
 

La vida cotidiana está llena de ejemplos: políticos corruptos que corrompen el país, padres egoístas que no nos dejaron ser, hijos desconsiderados que no reconocen todo lo que hicimos por ellos, empleados holgazanes e ineptos que hacen sus tareas mal, esposos absorbidos por la oficina que sobrecargan con las tareas de la casa a sus mujeres, esposas que sólo se quejan y hacen infelices a sus esposos... ¿Cuántos culpables de...hay en su vida? Y usted, ¿hizo algo al respecto además de quejarse y señalar con el dedo? Es tan frecuente la actitud de disculparse por lo que a uno le pasa culpando a otros, que fácilmente se vuelve un hábito imperceptible. Cuando el “si sólo esto cambiara, no tendría este problema” se convierte en el mantra cotidiano y quedamos estancados en la queja que impide el crecimiento personal. ¿Y si usted cambiara? Seguramente accionando la capacidad de asumir responsabilidades se produzcan cambios que mejorarían su calidad de vida. Todo un tema el de la culpa... suspiran los especialistas en salud mental. “Hay al menos dos ejes en el sentimiento de culpa. Por un lado, está la culpa frente a una falta real, un hecho puntual que se comete e implica transgredir una ley. Es saludable que el individuo sienta culpa por la infracción que cometió. Esa infracción culturalmente merece un castigo o sanción. Por otro lado, la culpa es esa sensación de indignidad personal que se siente aunque la persona no sea acusada de nada o no haya cometido una infracción propiamente. Esto puede ser conciente o inconsciente. Pero es una conducta aprendida, no nacemos con ella. En tanto, el culpar a los demás es una conducta totalmente manipulatoria (conciente o inconsciente) que obviamente persigue un objetivo (tener control sobre el otro, poder, etc.), donde también aparece el no hacerse cargo”, explica Liliana Silberman, licenciada en Psicología.
La psicoanalista Susana Rizzo señala que “el sentimiento de culpa también es la característica de una patología llamada neurosis obsesiva. Estas personas suelen culparse hasta de las cosas más nimias, obligándose a ofrecer compensaciones a los demás, incluso, al extremo de la humillación. No es extraño que luego se muestren muy agresivas, pues caen en la fantasía de adjudicar a los demás los duros reproches que en verdad sólo existen en su propia conciencia. Además también, están aquellos que jamás sienten culpa, son personas que sufren de otra patología. Se caracterizan por carecer de conciencia moral y realizan cualquier acto fuera de toda regla o ley”.




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