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De
acuerdo a un estudio reciente de la prestigiosa
Universidad de Duke, en Estados Unidos, tratar
el dolor de espalda le cuesta a los norteamericanos
al menos 26 millones de dólares por año,
y los costos suben a medida que los pacientes
reciben tratamientos cada vez más agresivos
que no siempre son exitosos. En Argentina, la
Superintendencia de Riesgos de Trabajo informó
que durante el 2003 se perdieron 400 mil días
de trabajo debido a dolencias en la parte baja
de la columna (lumbalgia), siendo ésta
la primera causa de ausentismo laboral. De acuerdo
con los expertos de Duke, el 70 por ciento de
los adultos sufre dolores en la columna vertebral
en algún momento de sus vidas, y según
diversas investigaciones difundidas, se desconoce
el origen en el 85 por ciento de los casos. Así
es que no sólo los pacientes demandan terapéuticas
y formas de diagnóstico y prevención
distintas a las tradicionales, también
gobiernos y aseguradoras de trabajo. Estudios
realizados en EE. UU., Nueva Zelanda, Gran Bretaña,
Australia, entre otros países preocupados
por el tema, dirigieron entonces su atención
a la ya centenaria Quiropráctica (también
denominada Quiropraxia). Esta disciplina, considerada
en sus orígenes arte, ciencia y filosofía,
es definida actualmente por la Asociación
Española de Quiropráctica (AEQ)
como la profesión sanitaria que se ocupa
del diagnóstico, tratamiento y prevención
de las alteraciones del sistema músculo-esquelético,
y de los efectos que producen estos desórdenes
en la función del sistema nervioso y en
la salud en general. Desde su fundación
en 1895 por Daniel D. Palmer, la profesión
quiropráctica se ha expandido espectacularmente
en los Estados Unidos, siendo en la actualidad
la tercera profesión sanitaria más
consultada.
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